México está impulsando que su acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá no solo se mantenga vigente, sino que tenga continuidad más allá del calendario original de revisión. La postura del gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum es evitar sorpresas arancelarias y asegurar mayor certidumbre para el comercio y la inversión en América del Norte.
La discusión ocurre en medio de nuevas tensiones comerciales con Washington, luego de que la administración de Donald Trump aplicara medidas arancelarias que reavivaron la preocupación por la estabilidad del T-MEC. Desde México, la respuesta ha sido apostar por el diálogo y por una revisión ordenada del tratado, con la intención de que el acuerdo siga siendo la base de la integración económica regional.
El T-MEC es el pilar del comercio exterior mexicano, ya que representa más del 80% de las exportaciones del país y genera un flujo de más de 500 mil millones de dólares anuales. A diferencia de su predecesor, incluye regulaciones para el comercio digital, protege la propiedad intelectual e incorpora reglas estrictas para asegurar mejores salarios y condiciones laborales justas en la región.
El gobierno mexicano pretende que el T-MEC se prorrogue por 16 años adicionales, lo que en la práctica llevaría su vigencia hasta 2042 si los tres países lo acuerdan. Sin embargo, si no hay consenso para extenderlo de inmediato, el tratado seguirá operando bajo sus términos actuales hasta 2036, con revisiones anuales.
Sheinbaum explicó que la meta de México es construir un entendimiento que dé estabilidad a largo plazo, en lugar de enfrentar incertidumbre periódica por renegociaciones abruptas. En su visión, el comercio norteamericano necesita reglas claras para sostener la competitividad de la región.