México planea incursionar en el fracking para extraer gas natural de yacimientos no convencionales, como anunció la presidenta Claudia Sheinbaum, buscando reducir la dependencia de importaciones desde Estados Unidos con un potencial de 141 billones de pies cúbicos en cuencas del norte y Golfo.
¿De qué hablamos exactamente? Esta técnica, antes vetada, iniciaría en 2027 con privados junto a Pemex para elevar la producción hasta 260%, confrontando necesidades energéticas con riesgos ambientales.
El fracking consiste en perforar pozos verticales u horizontales hasta 3-5 km de profundidad en rocas poco permeables como lutitas, inyectando a alta presión una mezcla de agua, arena y químicos para fracturar la roca y liberar gas o petróleo atrapado.
Esta técnica aumentaría la soberanía energética, generando empleos y bajando costos eléctricos, con proyecciones de 3.196 millones de pies cúbicos diarios para 2035. Sin embargo, ecologistas alertan por uso intensivo de agua en zonas áridas y emisiones de metano, exigiendo regulación estricta en caso de implementarla.