En México cada vez nacen menos bebés, y esa tendencia ya está reconfigurando la estructura demográfica del país. Las cifras recientes muestran una natalidad en descenso sostenido, con una tasa de fecundidad que ronda 1.6 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2.1.
La reducción de nacimientos no es un fenómeno aislado ni temporal. De acuerdo con los datos difundidos, el crecimiento poblacional del país ya es menor a 1% anual, lo que confirma que México entró en una etapa distinta de su transición demográfica.
Esto significa que el país avanza hacia una población más envejecida y con menor proporción de niñas, niños y jóvenes en relación con la población adulta. En términos prácticos, eso tendrá efectos en escuelas, empleos, pensiones, salud y planeación urbana.
Entonces, ¿por qué nacen cada vez menos bebés? Entre los factores más visibles está el costo de vida. La vivienda, la inflación y los salarios promedio hacen más difícil para muchas parejas asumir el gasto de criar hijos, especialmente en zonas urbanas.
A eso se suma que cada vez más mujeres priorizan su formación académica, su desarrollo profesional y proyectos de vida independientes antes de la maternidad. También han ganado fuerza nuevas dinámicas familiares, como parejas que deciden no tener hijos o formar hogares más pequeños.
¿Y qué implicaciones tiene?
La disminución de la natalidad en México provocará una crisis en las pensiones por la falta de trabajadores jóvenes para financiarlas, lo que sumado a la reducción de la fuerza laboral frenará el crecimiento económico y el consumo.
Al mismo tiempo, el sistema de salud se saturará con enfermedades de la vejez que requieren una transición hacia la geriatría, mientras que el sistema educativo enfrentará el cierre de escuelas básicas por falta de alumnos, y las familias sufrirán una crisis de cuidados debido al aumento de adultos mayores que envejecerán solos y sin redes de apoyo directo.